lunes, 23 de marzo de 2009

En su salsa

Las gotas de transpiración le corrían por la cara. Seco el sudor de su frente con la mano, cuidadosamente para no quitarse el maquillaje que cubría su rostro. Estaba concentrado pensando en qué pasaría si se le olvidaba algún paso. Esa idea lo puso más nervioso de lo común; sin embargo recordó que la salsa era el ritmo que mejor dominaba. De pronto, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de su compañera, que le decía que faltaba poco para salir a escena. Minutos que pasaban tan rápido como los aplausos que la gente producía después de cada presentación que se ejecutaba. Detrás del telón, el ambiente era totalmente distinto a lo que en su cuerpo se producía: la adrenalina de los otros bailarines, los asistentes que iban y venían de un lado para el otro indicando posiciones, impartiendo ordenes, parejas que ensayaban una y mil veces los pasos de los distintos géneros musicales que esa noche se presentaban en el teatro.

Ella notó la preocupación en su cara; le tomó la mano y le dijo que no se preocupe, que todo saldría bien. Espió detrás del telón rojo que los separaba de la vista del público; y trato de tomar conciencia sobre lo que su compañera de baile le dijo y se dio cuenta de que no sabía que carajo le había dicho. No tenía intenciones de calmarse, y mucho de menos de escuchar palabras de aliento porque hacia que sus nervios se multipliquen por mil.

La pareja que deslumbró bailando tango había terminado su presentación. Por los parlantes se escuchó la voz del locutor pidiendo al público que renueve el aplauso para ellos. Se acercó uno de los tantos asistentes que andaban detrás de bambalinas para decirles que estén listos porque en segundos los llamaban al escenario.

El show estaba por comenzar: sus nombres resonaron en el gran teatro, le tomo la mano a su compañera mientras en suspiro aliviador se olvidó de todos los posibles problemas que podían entorpecer la interpretación. Dieron los primeros pasos, reconociendo la pista mientras el público miraba con ojo crítico al dúo que se presentaba.

Los timbales empezaron a sonar, y la música empezó a colarse en sus cuerpos. Él ejecuto el primer paso, mientras ella lo seguía al ritmo de la conjugación de los bongos y las campanas. La melodía tropical del acuyuye hizo que liberase todas las tensiones acumuladas en su cuerpo; y la soltura del mismo se realizó de tal manera que no se dio cuenta que sus piernas respondía al compás de la música de manera automática. Las caderas de su compañera de baile estaban de fiesta; eran como dos congas que se movían al unísono. La alegría del baile se manifestaba en las sonrisas que pintaban sus rostros; en los trucos que y enlaces que estos realizaban de manera impecable y deliciosa. En su swing, él la jugaba de matador y ella, en su meneo sensual, de provocadora. La salsa estaba a punto. El movimiento de sus brazos coordinaban con el de sus pies, la intensidad de la música que se acercaba a su final potenciaba y calentaba aun más la atmósfera. Las maracas y campanas de la canción indicaban que el final se aproximaba. Ella se sintió realizada al ver cómo el público los aplaudía de pie, mientras que él no concebía que tanta alegría se pudiera expresar en una sonrisa.-

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