Y aunque poco me acostumbré a tu ausencia,
sigo luchando en pie de guerra.
Contra tu olvido comencé una batalla
rindiendome antes de combatir, con mi corazón sangrando, con ella.
Siento el placer que me produce tu derrota,
aunque me dejes el alma rota.
Sin gritos de libertad, ni que se atrevan a declarar empate,
que a tu amor no hay nada ni nadie que me desate.
domingo, 26 de abril de 2009
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